sábado, enero 20, 2007

El caleño "entrador"


Recientemente tuve una deliciosa plática con una vieja amiga de la Universidad, en la que comentabamos acerca de ciertos estereotipos de hombre colombiano y entre cosas y cosas me habló acerca de uno de sus personajes citadinos más temidos: "el caleño entrador". Hasta donde pueda lograrlo, trataré de reproducir la imágen de este personaje, tal y como ella lo describía.

El "caleño entrador" es este tipo que ronda los veinti tantos años de edad, que viene no necesariamente de Cali, puede venir de sus alrededores también (o de Buga x ejemplo), en definitiva es por lo general "calentano".
Es fácil reconocerle por su piel "canela", pantalones de prenses, zapatos de hebilla y, esto es indispensable, camiseta (de esas satinaditas, que dan "visos") pegada al cuerpo, talla "S" que deja al descubierto sus brazos, en los que es factible ver alrededor de 2 o 3 escapularios que juegan con su muñeca. Para finiquitar la cosa, el cabello es siempre corto, y muy al estilo "Milly Vanilly".

El "caleño entrador" de por sí no tiene nada de malo, es uno de tantos personajes del centro de bogotá, camellador, "hechao pa' lante", "que se le mide a lo que sea", todas estas virtudes deseables en cualquier yerno. El problema es, me comentaba ella, que el mancito es por lo general el "tumba locas del pueblo" y llega a la ciudad con la misma idea.

No se sabe de que manera, mi amiga resultó conociendo a uno de estos personajes en un reconocido centro comercial de Bogotá (El terraza Pasteur). La cuestión es que le sedujo a pura "labia", digo yo, porque no creo que la invitación de masato y pan de yuca, hallan marcado una gran diferencia en su encuentro.
"Mucho gusto, Aledxis" (notar la "d") creo que fue la manera en que él se presentó, le invitó un vaso de masato y un pan de yuca, qué según su experiencia alimentaba mucho más que el "Nestea" recień destapado por ella.

No se sabe tampoco de que manera, tal vez por puro interés sociológico, mi amiga aceptó la invitación (ella atribuye el hecho un poco a su soledad también). Bueno para no alargar mucho esto, la cuestión es que terminaron de "rumba" en "Péguele copetón", un exquisito bar del noroccidente bogotáno (por la calle 68), donde abundaban la ranchera y la música de despecho, porque curiosamente a "Alexis" no le gustaba la salsa, algo atípico en el perfil de cualquier "caleño entrador". Se tomaron unas cervecillas, hablaron (al parecer "delicioso") y él, muy acomedido, la acompañó al bus.
Justo antes de que ella sacara su mano y parára el transporte que la llevaria de regreso a su vida cotidiana, él la miró fija y dulcemente, se acerco a ella y sin retir su mirada ni un solo instante le dijo: "mirá ve, me prestás 500 pesos pa'l bus".

Ella sacó un billete de mil y se lo dió, luego tomó su bus.
Esa fue la última vez que se vieron. No se sabe si él pensaba llamarla o no, mi amiga olvidó por completo que "Alexis" le habia pedido prestado su celular unos minutos antes.

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1 Comments:

Blogger Lalah said...

Líbranos señor de un galandepueblo como ese, jajajaja, muy sepsi el relato, me gustó... pero quedé intrigada con el "Péguele Copetón", péguele a qué? quién es Copetón?

Nos vidrios, cucharita, heh. :P

4:55 p.m.  

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